martes, 21 de marzo de 2017

Te tengo a ti.

Te veo a lo lejos, me esperas con los brazos cruzados, acelero el paso, te miro con cara de interesante, ¡cuantísimo te echaba de menos!
Al fin te alcanzo, abres tus brazos y los encajas con los míos, tu cuerpo y el mío, fundiendose juntos, formando uno.
Salimos de la estación y me ofreces tu mano, y qué mano, creo que en mi vida me había sentido tan segura como cuando me agarras fuerte. "No me sueltes" pienso, y así es, no me sueltas y deseo con todas mis fuerzas que no lo hagas nunca.
Paseamos, paseamos recorriendonos nuestras calles de Madrid, evitando los andamios para esquivar así una supuesta mala suerte que va a llegar pero, quién se atreve a hablar de suerte si no saben lo que es tenerte, si no saben lo que es estar a tu lado, poder disfrutarte día a día; quién se atreve a hablar de suerte si no te conocen; es entonces cuando ignoramos esa supuesta mala fortuna que está por venir y seguimos adelante, al fin y al cabo, nos tenemos al lado.
Subimos la Gran Vía, de la mano, pasamos por Callao, callejeamos y nos perdemos, intentamos ubicarnos por un Corte Inglés sin darnos cuenta de que los hay por todas partes y perdemos totalmente el rumbo. Para cuando nos percatamos, vemos que realmente nos da igual, que qué mas dará perdernos si estamos juntas porque al final no hay mejor lugar en el que encontrarse que de nuevo entre tus brazos, que no hay mejor forma de perderse si es en tu compañía.
Llegar a Sol, mirarnos, las risas, los piques y finalmente, un beso fugaz de reconciliación. Y vaya reconciliación, lo que iba a ser algo rápido se alarga y permanecemos ahí un rato, sin prestar atención a la demás gente, sin prestar atención a lo bonito que es Madrid porque al fin y al cabo, las mejores vistas las tengo delante, te tengo a ti.

lunes, 13 de marzo de 2017

La chica de la máscara

Era la chica de pelo desordenado,
sonrisa constante y permanente risa.
La de  los ojos verdes y preciosos,
preciosos pero perdidos.
La cual a cuya mirada delataba,
las noches en vela y las horas llorando.
Era la chica de hombros caidos,
tras cuya ancha ropa,
había un cuerpo increibemente precioso.
Era la chica que de primeras caia mal,
que se le iba la cabeza, que podía llegar a parecer pesada;
pero era una chica increible.
Era la chica que ocultaba quien era,
que le costaba abrirse,
pero que cuando lo hacía podías quedar maravillado.
Y esque era ella;
era, la chica de la máscara.