Miro, pero todo ha cambiado;
la luna ya no brilla como lo hacía,
el sol, según la ciencia´se apaga poco a poco,
ya no nos gusta saltar de charco en charco cuando llueve,
ya no nieva,
la navidad está perdiendo su magia,
las ansias por los regalos, los nervios, han desaparecido.
Miro a mi alrededor,
mi habitación está distinta;
pósters por todas partes, libros, un ordenador;
ya no hay muñecas ni cuentos de hadas, se los llevó el viento,
ya no hay juegos de mesa, ni figuras de acción,
aquel peluche cien por cien necesario para dormir está entre mil cajas en un trastero.
Miro a mi alrededor y busco;
busco esa niña que soñaba con ser astronauta,
con ser la primera en algo,
con marcar un récord histórico;
busco a esa niña que jugaba al fútbol a pesar de las críticas,
que se vestía como le daba la gana,
que no le importaba la opinión de los demás.
Busco a esa niña, pero no la encuentro.
Me veo frente a una adolescente que ha sufrido,
una adolescente que aún sufre;
me veo delante de alguien con los sueños destrozados,
que cree que cumplirlos es imposible,
que nunca podrá ser esa astronauta o ese alguien a quien recordar;
me veo delante de alguien roto,
de alguien herido por una sociedad que no le acepta,
de una flor marchita que lucha por renacer.
Me veo frente a un millón de desastres,
frente a un espejo,
me veo a mi.
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