Me pediste que me quedara y aquí estoy, nunca me he ido.
Me dijiste que cuidarías, cada día, aquello que más feliz te hacía. Ahora se que no era yo.
Te fuiste, y me dejaste, tirada, levantando muy poco a poco la tirita, no acabando así el dolor.
En vez de levantarme, te tumbaste a mi lado, y una vez yo coja, te pusiste en pie y marchaste; marchaste sin rumbo fijo, o eso quise creer.
Y yo, dependiente, loca por tus huesos, necesitada de tu cariño para mí sostén, me quedé tirada, en medio de ninguna parte, perdida, y aun preguntándome el por qué.
No hay comentarios:
Publicar un comentario